Aquí me quedaré solo
para pensarte desde las alturas
en el silencio ruidoso y vacío
de la honda noche.
Aquí me quedaré solo
para escribirte líneas que no leerás,
por tu rencor oscuro,
y amargo reproche.
Aquí me quedaré solo
para recordar cuando era feliz amando tu dorado cuerpo,
delgadas líneas de pasión,
dibujo de niñez colmado de goce.
Aquí a solas me quedaré
para contemplar en las estrellas tus cristales de inocencia,
que iluminaron mi alma con tu mágica esencia;
aunque se fugaron a titilar estertores de cortas noches,
en otros cuerpos, otros cuartos de gemidos inconformes.
Volví en mí y noté que ilustrarte al filo de la fría notte
es un falso espejismo
abrazo último de tus labios y los míos,
como si me abrazara la Venus de Milo.
Mi piel y tu piel, alquimia fundida,
en el encuentro penúltimo de despedida,
ardieron de placer, no fue una mentira;
así culminó este amor nacido de día
y murió tras mil noches en esta osadía.
Hace unos años, el psicólogo clínico Walter Riso ofreció los principios de supervivencia pensados para vivir después de una ruptura pareja.
Para entonces, Agencia EFE así publicó estas "normas" que se han convertido en una receta y guía para quienes terminan una relación amorosa:
“Si ya no te quieren, aprende a perder y retírate dignamente, ya que luchar por un amor imposible, nuevo o viejo, deja muchas secuelas”. Este es el primer principio de este psicólogo italiano, graduado en la Universidad de Colombia y máster en bioética que, tras emigrar a Argentina con su familia y vivir allí muchos años, reside ahora en España.
“Cuando realmente ya no te aman, con independencia de las razones y causas posibles, hay que deponer el espíritu guerrero y no librar una batalla inútil y desgarradora; es mejor sufrir la pérdida de una vez que someterse a una incertidumbre sostenida y cruel”, aconseja el psicólogo.
El segundo consejo de este experto es que nunca te cases con el amante, “porque es como echarle sal al postre. Solamente un pequeño porcentaje de amantes que acaban casándose o se van a vivir juntos, mantienen una relación que funcione", mantiene el experto. “Despertar del éxtasis, reestructurar la locura simpática que mantenía viva la relación tiene sus consecuencia y contraindicaciones; es muy difícil reglamentar el amor pasional y que el hechizo no se rompa”, remacha Riso.
"También es común, en estos casos agrega— que la persona mantenga un lazo compensatorio con su expareja por lástima, responsabilidad moral o culpa, un aspecto que pone los pelos de punta al viejo amante transformado, especialmente, cuando el marido-esposa ofendido entra en crisis".
“En ocasiones, los ex se convierten en una especie de apéndice: no cumplen ninguna función, son incómodos y habría que extraerlos de raíz si se quiere tener una vida saludable y en paz”, aconseja el especialista.
Para aquellos enamorados a quienes su pareja martiriza con el tan manido “ni contigo ni sin ti”, Riso aconseja que corran con todas las fuerzas lo más lejos posible y no salten al compás del otro, sino que sean rotundos y contundentes en el “se acabó”.
“Si decides seriamente salirte del juego, notarás que, poco a poco, tus emociones empezarán a depender de ti: este proceso se conoce como ‘autorregulación’ y permitirá que la actitud dubitativa del otro te afecte menos, que te mueva, pero no te tumbe”, enfatiza este psicólogo clínico.
Otro principio de supervivencia radica en alertar sobre que el poder afectivo lo tiene quien necesita menos del otro y no faltan quienes intentan sacarle provecho con el mensaje implícito de que se irán si no le dan lo que desea. “Ensaya la soledad”, es el consejo del experto, en el bien entendido de que la soledad afectiva no tiene porqué ser una tortura y que no se define por sustracción (estar “sin ella o sin él”) sino por la multiplicación del ‘yo’, que se recrea en el autodescubrimiento.
“Invítate a ti mismo a salir y conversa de ‘tu a tú’ o de “’yo a yo’ y tendrás que reconocer, aunque sea a regañadientes, que la persona a la que quieres, a veces, sobra y molesta, a pesar de que la ames”, añade Riso.
“Un clavo no saca otro clavo y, a veces, pueden quedar dentro los dos”, advierte el psicólogo para quienes suelen recurrir a este proceso, bien por la necesidad de ser amado, la baja tolerancia al dolor afectivo, o el revanchismo.
“Con esta idea en la cabeza, los dolientes se lanzan al mundo del mercado afectivo en busca de un ”clavo” más grande y más potente que desplace y retire el anterior, sin pensar que en el mundo emocional hay una leyes que subsisten antes deben ser asimiladas y diluidas por el organismo”, asegura Riso, en relación con el duelo amoroso.
En su opinión, lo mejor sería un proceso a la inversa: primero hay que sacar el viejo clavo y luego, si tienes suerte, hallarás una persona que valga la pena y que pueda a entrar en tu vida tranquila y sin estorbos del exterior.
Otro principio de supervivencia afectiva pasa por evitar el sacrificio irracional e intentar anularte para que tu pareja sea feliz “porque autocastigarte para levantarle la moral a otro es matar el amor en nombre del amor; ésa es la paradoja”, apunta Riso.
Otra máxima a tener en cuenta es que “si el amor no te ve, ni te siente, no existe o no te sirve” y abomina de quienes no son capaces de expresar amor porque “no es suficiente sentir el amor, sino que hay que sacarlo a relucir, hay que probarlo”.
“Necesitamos algo de locura, un poco de desorden, una chispa que nos recuerde que la pasión no ha muerto y el juego no ha terminado; entre un estilo afectivo apocado y preciso y otro locuaz y explícito, la mayoría preferimos el segundo”, enfatiza el experto.
Y, por último, concluye que algunas separaciones son instructivas ya que "permiten saber lo que no quieres del amor".
Para entonces, Agencia EFE así publicó estas "normas" que se han convertido en una receta y guía para quienes terminan una relación amorosa:
1. Aprende a perder
“Si ya no te quieren, aprende a perder y retírate dignamente, ya que luchar por un amor imposible, nuevo o viejo, deja muchas secuelas”. Este es el primer principio de este psicólogo italiano, graduado en la Universidad de Colombia y máster en bioética que, tras emigrar a Argentina con su familia y vivir allí muchos años, reside ahora en España.
“Cuando realmente ya no te aman, con independencia de las razones y causas posibles, hay que deponer el espíritu guerrero y no librar una batalla inútil y desgarradora; es mejor sufrir la pérdida de una vez que someterse a una incertidumbre sostenida y cruel”, aconseja el psicólogo.
2. No te cases con tu amante
El segundo consejo de este experto es que nunca te cases con el amante, “porque es como echarle sal al postre. Solamente un pequeño porcentaje de amantes que acaban casándose o se van a vivir juntos, mantienen una relación que funcione", mantiene el experto. “Despertar del éxtasis, reestructurar la locura simpática que mantenía viva la relación tiene sus consecuencia y contraindicaciones; es muy difícil reglamentar el amor pasional y que el hechizo no se rompa”, remacha Riso.
3. No ayudes a tu expareja
"También es común, en estos casos agrega— que la persona mantenga un lazo compensatorio con su expareja por lástima, responsabilidad moral o culpa, un aspecto que pone los pelos de punta al viejo amante transformado, especialmente, cuando el marido-esposa ofendido entra en crisis".
“En ocasiones, los ex se convierten en una especie de apéndice: no cumplen ninguna función, son incómodos y habría que extraerlos de raíz si se quiere tener una vida saludable y en paz”, aconseja el especialista.
4. Adiós a los "ni contigo ni sin ti"
Para aquellos enamorados a quienes su pareja martiriza con el tan manido “ni contigo ni sin ti”, Riso aconseja que corran con todas las fuerzas lo más lejos posible y no salten al compás del otro, sino que sean rotundos y contundentes en el “se acabó”.
“Si decides seriamente salirte del juego, notarás que, poco a poco, tus emociones empezarán a depender de ti: este proceso se conoce como ‘autorregulación’ y permitirá que la actitud dubitativa del otro te afecte menos, que te mueva, pero no te tumbe”, enfatiza este psicólogo clínico.
5. Invítate a salir a ti mismo
Otro principio de supervivencia radica en alertar sobre que el poder afectivo lo tiene quien necesita menos del otro y no faltan quienes intentan sacarle provecho con el mensaje implícito de que se irán si no le dan lo que desea. “Ensaya la soledad”, es el consejo del experto, en el bien entendido de que la soledad afectiva no tiene porqué ser una tortura y que no se define por sustracción (estar “sin ella o sin él”) sino por la multiplicación del ‘yo’, que se recrea en el autodescubrimiento.
“Invítate a ti mismo a salir y conversa de ‘tu a tú’ o de “’yo a yo’ y tendrás que reconocer, aunque sea a regañadientes, que la persona a la que quieres, a veces, sobra y molesta, a pesar de que la ames”, añade Riso.
6. Un clavo no saca otro clavo
“Un clavo no saca otro clavo y, a veces, pueden quedar dentro los dos”, advierte el psicólogo para quienes suelen recurrir a este proceso, bien por la necesidad de ser amado, la baja tolerancia al dolor afectivo, o el revanchismo.
“Con esta idea en la cabeza, los dolientes se lanzan al mundo del mercado afectivo en busca de un ”clavo” más grande y más potente que desplace y retire el anterior, sin pensar que en el mundo emocional hay una leyes que subsisten antes deben ser asimiladas y diluidas por el organismo”, asegura Riso, en relación con el duelo amoroso.
En su opinión, lo mejor sería un proceso a la inversa: primero hay que sacar el viejo clavo y luego, si tienes suerte, hallarás una persona que valga la pena y que pueda a entrar en tu vida tranquila y sin estorbos del exterior.
7. Mantén tu autoestima
Otro principio de supervivencia afectiva pasa por evitar el sacrificio irracional e intentar anularte para que tu pareja sea feliz “porque autocastigarte para levantarle la moral a otro es matar el amor en nombre del amor; ésa es la paradoja”, apunta Riso.
8. No idealices a tu pareja
Otra máxima a tener en cuenta es que “si el amor no te ve, ni te siente, no existe o no te sirve” y abomina de quienes no son capaces de expresar amor porque “no es suficiente sentir el amor, sino que hay que sacarlo a relucir, hay que probarlo”.
9. El amor no tiene edad, pero los enamorados sí
“Necesitamos algo de locura, un poco de desorden, una chispa que nos recuerde que la pasión no ha muerto y el juego no ha terminado; entre un estilo afectivo apocado y preciso y otro locuaz y explícito, la mayoría preferimos el segundo”, enfatiza el experto.
10. Aprende de la ruptura
Y, por último, concluye que algunas separaciones son instructivas ya que "permiten saber lo que no quieres del amor".
Esta información fue tomada de Informe 21, con procedencia de EFE; corregida y adaptada al estilo de este blog. Si conoce el autor de la imagen, háganoslo saber. Comparta el contenido a quien pueda interesarle
Alguien me pidió ayuda en una red social donde se ayuda a estudiantes desde primaria hasta bachillerato, se llama Brandly. Necesitaban un poema que reuniera los recursos literarios alteración, símil, anáfora, repetición, y rima. Así quedaron estos verbos que he titulado La vida:
Nubes blancas como leche
van nadando, van nadando,
y la brisa que anochece
va cantando, va cantando.
La vida viene y va volando,
volando va hasta la muerte.
||| Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez
|| Imagen: dibujo a lápiz de la artista plástico Patty Rocha.
Comparte a quien pueda interesarle. También puedes leer: Amor de mil noches.
[caption id="attachment_15" align="alignnone" width="711"]
La bruza es cepillo de cerdas muy fuertes que sirve para limpiar a las caballerías. | Imagen ilustrativa. Archivo.[/caption]Es común escuchar cuando un nombre no le suena a alguien: "Tu apellido es extraño" o "Qué raro tu apellido". Pareciera que todos tenemos que apellidarnos Rodríguez, Ortiz, Martínez, Hernández, lo común. Aunque, pensándolo bien, puede que sí sea raro el origen del apellido Bruzual.
Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez.
Bruzual, según las fuentes consultadas, es de origen francés.
La "bruza" es un cepillo de cerdas que se utiliza para peinar o adecentar a los caballos. Proviene del vocablo franco brusse [brusé], y este probablemente haya derivado del alemán Bürste, aclara el Diccionario de la lengua española.
Se dice que es un nombre "topónimo" (que hace referencia a un lugar), porque era un sitio donde precisamente, con la bruza, se peinaba a estos cuadrúpedos.
Lo topónimo se lo da el prefijo "al", que indica la relación de una cosa con otra, o que pertenece a ella: renal, del riñón; terrenal, de lo terrestre; celestial, del cielo...
Es quizá por evolución que bruzual pasó a ser el 'lugar donde se criaba la caballería'. ¿Qué te parece?
¡¡Bienvenidos a Bruzualizar!!, revista recreativa donde los detalles son los protagonistas.
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