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Bruzualizar
Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez



—¿Cómo estás? —Estoy, porque hoy otros no están, ni estarán.
Esta crónica se escribe con felicidad, a pesar del...







¡Aquel jueves por la tarde llovía! Hacía ejercicios para distraer el alma y fortalecer el delgado cuerpo, delgado por el hambre. La melancolía del cielo traía consigo -más adelante lo supe- una pérdida sin precedentes, para mí. De repente, se desdibujó mi sonrisa. El pertinaz rocío pasó a ser una tormenta de preocupaciones en mi mente: se llevaron las llaves del apartamento que no es mío, hasta los lentes.

La gente te mira. Vas por la calle, y te mira. Caminas por la hedionda estación del metro, metro cansado de llevar y traer a tantos que perdieron el sentido común y los valores de convivencia, y te miran. Entras al vagón, y te miran. Subes las escaleras mecánicas dañadas -así como dañada está la sociedad con ronchas carcinógenas de estrés e ira-, “te tiran el ojo”, te miran. Te ríes en la mesa sin el café, y te miran. Acompañas a un amigo a fumar, le bendicen y le dicen: “Cristo te ama”; a los dos nos miran. Vas de regreso a una alcoba prestada -con cilindro nuevo, por un "por si acaso", y te siguen mirando. Llevas lentes de sol en la tenuidad del día, entristecido día, corres para tomar el bus, "¡¡permiso, permiso!!", y la gente... te mira. Los lentes de sol de segunda se salvaron, porque se quedaron en el cuarto junto al telefonito móvil viejo que me obsequió, por algún otro robo, mi viejo.

No miran que el vivo color naranja de tu camisa de cuadros pequeños -o de rayas cruzadas que hacen cuadritos- lleva alguna pena o desilusión, es un naranja mojado por la lluvia vespertina repetida, con el mismo síntoma a la de la mañana y a la de ayer. «Si no hubiese llovido, no me hubiesen robado», pensé. No miran que los lentes de sol escarapelados son para tapar el cristal de la impotencia, en los ojos. No miran que llevas dibujada una sonrisa que es combustible para seguir adelante en el país indómito; sonrisa que lleva tinta de recuerdos, recuerdos que te la mantienen viva, vivos momentos que solo tú sabes cómo fueron, de sabores y aromas que extrañas por la crisis; sonrisa que es el destello de luz en tus vericuetos episodios oscuros. No miran que los zapatos están sucios por las salpicaduras de charco pegadas al blanco tras la garúa matutina, mientras esperaba en la fila por el flash y la foto de la nueva cédula sin identidad. «Se llevaron mi cédula y perdí parte de mi identidad», pensé. Tuvieron que pasar más de seis horas para que se diera el encontró mío con una de las cámara que no estaba dañada, más de seis horas "porque el sistema está lento y está caído", aseguraban los del Servicio Autónomo de Identificación, Migración y Extranjería, mas nadie le dice así, se le conoce como Saime.

Decía una señora que viaja con frecuencia al país del norte -tan odiado y amado a la vez-, que allá en el imperio estos trámites son rapiditos y no se te iba la vida en colas, colas y colas; así como las sempiternas colas por comidas, medicamentos, baterías y cauchos para los carros, o simplemente un pan; sí, solo una "canilla" por persona en muchas panaderías. Decía mi mente: «yo quisiera vivir en un país con apenas algunas reglas como las del norte, pero que quedara en este sur que perdió su brújula y su norte». Ojalá aquí las cosas andaran con un diez por ciento, al menos, de cómo funcionan en el de las barras y las estrellas. En Venezuela actualmente, y desde hace un rato largo, es norma, es ley, la anomia. De hecho, ya muchos empiezan a anexar en su vocabulario esa palabra.

—¿¡Cómo es eso que te robaron!? —te pregunta la gente, como si se tratase de un incidente ajeno al anárquico país de los políticos malcriados que juegan a la casita de muñecas, a ver quién se queda con el Ken—. Y después del “¿cómo amaneciste?”, toca responder:
—Amanecí. Al menos eso es bastante —decía esta mañana el reconocido locutor.
Y cuando me preguntan “¿cómo estás?”, toca responder:
—Estoy, porque hoy otros no están, ni estarán.
—¡Cóntrale, vale!, ¡qué chimbo eso, qué desagradable!
—En un país anormal, no pueden suceder cosas normales —lanzo la frase con el filo de un bisturí. Quien la oye, te asiente con la cabeza.

No fue un atraco, solo fue una nauseabunda y putrefacta necesidad de un delincuente indetectable, con la astucia de una ardilla y la flexibilidad de una rata, con las manos llenas de miseria, negras como el pie diabético que se pudre en el hospital sin camillas, sin medicamentos, recintos con peor olor que el del subterráneo [casi 80 por ciento de los centros de salud venezolanos presenta escasez de medicamentos, informaba tempranito en la radio un médico "superhéroe"]; manos manchadas como las aceras con sangre seca, manos que solo buscaban -lo más seguro- un celular de última generación, nada más; manos de un pusilánime que juega al fútbol para distraer su vicio o para esperar cazar a su próxima presa: ayer yo, y otro lote de gente más, me enteraba el siguiente día nublado.

En la tarde, una amiga me comentó que en el programa radial de la reconocida periodista Vanessa Davies, la comunicadora comentaba sobre los masivos robos y atracos en el Francisco de Miranda, conocido popularmente como Parque del Este, La Gran Caracas, un espacio, por cierto, militarizado: con uno que otro soldadito vigilando por aquí, y por allá, un verde oliva mirando el celular.

Un excompañero de trabajo, seguidor del fallecido mesías venezolano del siglo XXI, periodista amante de lo abstracto, alocado poeta buena gente, diría que la culpa no es de quien robó, la culpa es del "sistema", un sistema donde el ratero aprendió el Padre Nuestro del hurto como pan suyo de cada día, donde la felicidad de muchos se desvanece y los policías ladrones hacen de las suyas frente a la fuente dormida y el busto decapitado, sistema que hace dejar los cuadernos a un lado, a cambio del hierro que mata y el prestigio ¿o privilegio de tenerlo?, y las carajitas del barrio que aman tener al "jevo" (novio) con moto y sentir el hierro frío entre las piernas de falditas cortas, sin pantaletas; muchachitas de su madre -o sin madres, porque una madre no las dejaría, ¿o sí?-, que también cambiaron un pupitre por una sala de parto, porque les metieron el hierro caliente que les disparó el semen itinerante [«carajitas criando a carajitos», pienso], un sistema que enluta a madres con corazones rotos…; sí, porque el malandrito sabe robar, mentir, matar, pero yo sé pensar, escribir, crear.




[caption id="attachment_4308" align="alignnone" width="1500"]manos que piden-manos sucias-manos negras "Hay manos que piden, hay manos que roban; hay las que siembran y las que crían; hay manos que crean, hay manos que escriben". LBV | Foto: archivo. Autor desconocido[/caption]




 

... a pesar del “se llevaron todo”: apenas me quedé con una botella de agua casi vacía y mi ropa deportiva con un sudor frío y mis zapatos cansado y mi mente pensativa y mi ganas de gritar, pero nadie lo notaba, creo. En el bolso con todas mis pertenencias y documentos [«ay, tan bueno ese bolso», pensó en voz alta mi madre en la llamada a larga distancia] se fue también el sobrecito de azúcar que quedó de una cita con un filósofo -tipo brillante, además-, y que endulzaría el cafecito del fin de semana, ahora guayoyo amargo como aquel alucinógeno bajo el techo escarapelado.

Aquel jueves gris se llevaron todo. Me dejaron desnudo sin quitarme la ropa, pero no se llevaron mis ganas de seguir adelante, de cumplir mis metas, ni mi sonrisa que hace creer a los que miran que no ha pasado nada. Y es la verdad, señoras, señores, afortunados, afortunadas, no-ha-pa-sa-do-na-da. El mundo continúa girando. Ayer murieron unos cuantos, muertos por un asesino, un psicópata del Medio Oriente, o por la guerra, o por el sistema, y para el mundo, no pasó nada…

Cuídense mucho, por favor, miren que somos pocos los buenos, y no quiero quedarme solo... Me la regaló un adorable abuelo de sonrisa francesa nacido en Vietnam, que me lo trajo la lluvia de esta mañana, de ese momento en la fila sobre el charco, en aquella conversación por allá. Desde siempre, Leo.

Muy pronto, parte II>>





Apostillado


La gente que te mira no te mira el bolsillo donde sólo tenía 150 bolívares (0,15 centavos de dólar, dicen), que no eran míos, sino de la bondadosa vecina; pero como dijo el amigo que fuma, "tenías". En la segunda entrega sabrán por qué el "tenías". Hubiese escrito 160 bolívares, pero los otros diez se los di al ciego -otro de los tantos invidentes- que pedía en el metro, hombre enjuto guiado por su instinto y por un joven que lo sostenía de los hombros, adolescente con la melancolía de la Pietà de Miguel Ángel o la Piedad del Vaticano, melancolía de las fotos en el celular que me dijeron adiós, melancolía de un cielo enladrillado sin un sol que desenladrille, apática melancolía amasada con nostalgia, que vino a mí, una vez más, como una fotografía del rostro de La anciana y los miserables. Me pudieron robar el bolso con todos los macundales, pero que no le he permitido a esta señora que vuela cual fantasma por todo el país que me robe mi alegría.







«Esto solo le pasa a un pendejo en un país de corruptos», pensé y seguí caminando, no mirando al piso, sino sonriendo, aun con la sonrisa pesada.
 

Primerísimo primer plano:
La grama que absorbe penas y alegrías sirvió de mantel para que dos abuelitas, una más grata que la otra, se apartaran del bullicio de una contaminada ciudad para hablar con aires frescos de mayo como un adolescentes del siglo XX, en el siglo XXI.
||Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez


 

[caption id="" align="aligncenter" width="650"]image Charlaban de sus menesteres en un césped sin manchas de Caracas | Centro de Arte Pdvsa La Estancia, Chacao, Miranda. Domingo 15 de mayo, 2016. | Foto: Leonardo Bruzual Vásquez[/caption]




Primer plano


El tiempo se llevó su niñez, su juventud, su mocedad. Una espera que su teléfono, que ya no es de disco, le permita drenar sus angustias [¿querrá gritarle?] o está propiciando que a ella llegue una llamada devuelta, o perdida; perdida como su mirada fija en la pantalla. La otra, nadando en el césped, espera, quizás, que la llamada del amor, amor ido un día como ese seco día de mayo, le pinte su sonrisa, le alegre la vida, le reviva los años, le pinte los labios. Mojada del agua verde olivo aguarda sin prisa, sin llenarse de engaños.

Plano medio


A esta, a la de la mirada hundida en la esperanza, la brisa sin fuerza le mueve un tanto el cabello pintado color "vejezepia". A esa, a la de la lavativa digital en la mano, el sol le pegó en la testarudez de su vejez, le frunció más el ceño otra vez; y el tiempo le manchó poco a poco [¡ay tempo loco, loco y tosco!] la cara de arrugas color verrugas; poco a poco como la ura.

Filosofía gran angular


Hay quienes en la vida son felices sin tener mucho o nada en mano, mientras otros, con algunas o muchas comodidades —que "lo tienen todo" quizá—, viven con soberbia, ven por encima del hombro, sufren sus derrotas y se les amarga un señor en su interior de nombre "ser humano"; se les achicharra el alma como una pasa vencida, alma que muere de "enviejecida", una enfermedad obligada del tiempo con la que el espíritu se oxida, sí, pero también te carcome la humanidad preñándote el ser de lombrices con sida...


Obturador retórico
"La vejez no debe
ser sinónimo de amargura".





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[caption id="attachment_2890" align="alignnone" width="600"]zumba_laura-caria-plaza-la-castellana.jpg Laura Caria en una de sus clases de zumba con gente de toda Caracas, plaza Isabel la Católica, La Castellana. | Cortesía: Laura Caria[/caption]

Este domingo 8 de mayo a las 10:00 a. m., la pionera del zumba en Venezuela, Laura Caria, ofrecerá una clase-concierto de esta modalidad de ejercicios, al ritmo de la banda musical Poker, en la plaza Isabel La Católica de La Castellana, Chacao, con entrada libre. || Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez

En esta oportunidad, la única instructora en Venezuela con rango de Zumba Master Trainer se presentará acompañada por la banda musical Poker, agrupación con más de 17 años de trayectoria deleitando las noches caraqueñas con uno de los repertorios más amplios de los géneros pop y rock de los 60, 70 y 80.

La entrenadora invita a toda la colectividad, en especial a las madres de toda la Gran Caracas, a pasar un rato diferente, divertido y llena de la buena vibra que ella le inyecta a sus clases. Recordó a quienes participan, llevar ropa cómoda e hidratación y la mejor disposición.

El zumba


Zumba es un ejercicio integral, de bajo impacto, fácil, efectivo, estimulante y divertido que combina pasos de baile con movimientos de tonificación muscular; al ser una actividad cardiovascular fortalece el corazón, mejora la circulación y aumenta la capacidad pulmonar; acompañado de una alimentación saludable ayuda a bajar de peso, en una hora se queman aproximadamente entre 600 y 800 calorías, explica Caria.

“Las personas que asisten regularmente a clases, consideran a Zumba como un estilo de vida. No es un ejercicio que deben hacer sino que desean hacer”, afirma la instructora, quien destaca también cómo esta actividad favorece las relaciones de amistad entre quienes comparten la pasión por el baile y la actividad física.




Esta información tiene proviene de un boletín de prensa de la Alcaldía de Chacao.
Leonardo Bruzual Vásquez




[caption id="attachment_2869" align="aligncenter" width="678"]SAMUEL-MONCADA_esta es la crisis mas dura que hemos tenido en los ultimos 90 años Moncada, en una conferencia de historia en el Centro Nacional de Historia, Caracas, invitó al Gobierno nacional a aplicar "medidas extraordinarias". 5 de mayo, 2016. | Foto: Miguel Romero[/caption]




El historiador y exministro de Educación (2005), Samuel Moncada, aseguró que es la primera vez que se vive una situación económica tan difícil como la actual en Venezuela en los últimos 90 años, y que si se ignora eso —y lo que ocurre en la calle— será más complicado todavía salir de ella.

“Yo no conozco, desde 1926 hasta hoy, una crisis más dura que esta”. Así lo expresó ayer en una conferencia de la cátedra Historia Insurgente sobre Federico Brito Figueroa, en el Centro Nacional de Historia, Caracas.

El experto se sustenta en tres aspectos fundamentales “que nunca habíamos tenido desde que se llevan récords (económicos)”, que “el 99 % de la población —tomando en cuenta que el resto supera los 90 años de edad— no ha visto lo que estamos viendo”.

En primer lugar, uno de estos indicadores sería “la recesión más larga de nuestra historia que nunca habíamos tenido” —tres años consecutivos 2014, 15, y 16, y podría continuar a 2017— “con el Producto Interno Bruto (PIB) cayendo”, lo que quiere decir que “casi el 30 % de nuestra economía se está evaporando”, apunta.

En segundo lugar, “la inflación más alta de nuestra historia —“la más alta hasta el momento había sido en los años 90, con la crisis bancaria, de unos 103, 104 %”—, argumentó el exembajador de Venezuela ante las Naciones Unidas.

Y en tercer lugar —aunque consideró que pueden ser “unas 50 razones”—, “la caída más abrupta de los precios del petróleo, por lo menos en los últimos 40 años: en 2014-15, se cayeron de 100 a 40 (dólares), y después cayeron hasta 20, y ahora (en la actualidad) ha rebotado un poco a 30”, lo que le ha dejado al país “77 millones de dólares mensuales”, a diferencia de la “súper bonanza de tres mil y tantos millones de dolares mensuales” de años anteriores, indicó.

“Desde que existen los récords (estudios económicos del BCV en los años 40, más o menos el 99 % de los venezolanos que estamos viviendo hoy), ninguno había visto esto”, afirmó Moncada, al tiempo que invitó al Gobierno nacional a aplicar “medidas extraordinarias”, “ante situaciones extraordinarias”.

Cree que con la renta petrolera que se mantiene actualmente “no se puede mantener nada de lo que se pudo hace 10 años”, como por ejemplo, compra de aviones rusos, “tener tres millones de pensionados y al mismo tiempo pagar Sidor dando pérdida. ¿Entonces, qué vamos a hacer? ¡Si no vemos la realidad en donde estamos, nos engañamos!”, por lo que destacó que “hay que crear unas nuevas bases, y tendrá que ser con un proyecto distinto porque no podemos gastar de la misma manera”.

El golpe


Ante esta realidad expuesta (sí hay una guerra económica, apuntó), y tomando en cuenta el malestar que manifiesta la población, Moncada dijo que de venir un golpe de Estado, nadie sabe de donde vendría, por la conspiración que existe constante entre los sectores económicos más poderosos del país y sus aliados con extranjeros.

Así como los principales factores económicos nombrados anteriormente, la corrupción podría ser uno de los “motivos de dolor para un golpe”, sumándole lo ocurrido con Cadivi (Comisión de Administración de Divisas), bonos petroleros y de turismo, las nacionalizaciones, entre otros.

En esta conferencia, quien también fuera asesor de la Vicepresidencia de la República, se paseó por las distintas situaciones económicas y políticas que ha atravesado el país y los gobiernos de turno en el pasado, y se relacionaron estos hechos con el presente.
Este trabajo fue realizado para el Correo del Orinoco.
Leonardo Bruzual Vásquez




[caption id="attachment_2769" align="alignnone" width="698"]Movimiento sexodiverso LGBTI de Venezuela respalda al TSJ Comunidad LGBTTI realizó un acto en la plaza Bolívar de Caracas para manifestar su apoyo a la decisión del TSJ que aceptó la demanda de nulidad por inconstitucional del artículo 44 del Código Civil. | Foto: José Luis Díaz[/caption]




Luego de recoger 21.000 firmas durante seis meses en todo el país que fueron entregadas el 31 de enero de 2014 a la Asamblea Nacional (AN) para introducir un proyecto de ley que anulase el artículo 44 del Código Civil (CC) venezolano, y no recibir hasta la fecha una respuesta del Parlamento; la Asociación Civil Venezuela Igualitaria recurrió al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para introducir una demanda de nulidad por considerar inconstitucional esta normativa.

Un año y tres meses después de la solicitud al TSJ (29 de enero de 2015), esta instancia aprobó procesar la petitoria contra la única norma que prohíbe a las parejas homosexuales casarse con total normalidad en Venezuela y recibir los beneficios del matrimonio.

Ante esta reciente posición del principal tribunal del país, grupos pro gais se pronunciaron al respecto; porque, al dictarse un fallo a favor, esto vendría a beneficiar entre 6 y 12 mil personas (y sus parejas), según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), pero “podrían ser muchas más”, precisó Koddy Campos, portavoz del Movimiento Ejército Emancipador, una agrupación que lucha por los derechos humanos de la comunidad sexo diversa,

Campos cree que toda América ha avanzado en el tema y Venezuela no puede quedarse atrás, sino “estar adaptada a los nuevos tiempos”. “El 80 % de América tiene derechos para las parejas homoparentales y aún en Venezuela no. Por eso, esperamos la decisión del TSJ, y que sea afirmativa para nosotras y nosotros”, agregó.

De anularse el artículo 44, “los heterosexuales no pierden derechos porque a nosotros se nos dé derechos, sino que estamos construyendo una patria más justa, donde todas y todos seamos iguales”, mencionó.

Aunque muchas religiones rechazan este lazo homoparental, así como otros cambios sociales a los que han tenido que ceder —comentó el defensor de DDHH sexo diverso—, Campos cree que en los próximos años “ellos (la Iglesia) cambiarán su discurso (respecto al tema); entonces no se verán en contra del matrimonio, sino en contra de los divorcios homosexuales”.




Artículo 44 del Código Civil venezolano reza que “el matrimonio no puede contraerse sino entre un solo hombre y una sola mujer. La Ley no reconoce otro matrimonio contraído en Venezuela sino el que se reglamenta por el presente Título, siendo el único que producirá efectos legales, tanto respecto de las personas como respecto de los bienes”.






“Estamos respaldando esta decisión, porque sabemos que el TSJ es el administrador de justicia en el país, lo que será favorable para la comunidad sexo diversa que hoy en día no puede acceder a la institución matrimonial motivado a que este artículo el CC es infraconstitucional (inferior, por debajo, de la Carta Magna)”.

Así lo sostuvo por su parte Leandro Viloria, vocero del Movimiento Sexo Género Diverso de Venezuela (Msgdv), quien también cree que “en la actualidad el derecho al matrimonio no es un derecho, sino un privilegio de los heterosexuales”, por lo que tildan esta normativa de discriminatoria.

En un mundo que es cada vez más abierto a la realidad humana y avanza en seguir generando políticas de condiciones iguales para todos, Venezuela no se puede quedar atrás. En definitiva, la comunidad LGBTTI (Lesbiana, Gay, Bisexual, Transexuales, Transgénero e Intersexuales) sostiene que más que casarse por capricho, quieren tener un reglamento que los ampare legalmente. Por eso su lucha, más que un logro político, vendría a ser por un derecho que permita no haya discriminación, sino igualdad para todas y todos a pesar de sus preferencias.




Cifras


Koddy Campos, defensor de derechos humanos gais en Venezuela, ofreció los siguientes datos:

  • 80 % de América tiene derechos para las parejas homoparentales.

  • 30 % de la población venezolana no es heterosexual, según el INE: podrían ser más, solo que por discriminación, las personas no asumen frente al INE su condición, subrayó el vocero.

  • 6 mil familias venezolanas alegaron tener un miembro homosexual en el hogar (INE, 2011). Si esto se multiplica por dos (cada una de estas personas tiene su pareja) la cifra se duplica; es decir, 12 mil personas se beneficiarían directamente con la anulación del artículo 44, explicó.

  • Venezuela se convertiría en el quinto país de Sur América en aprobar el matrimonio igualitario






Opiniones encontradas


A propósito de cómo puede afectar esta decisión a la conformación de la familia y a los niños, según Daniela Rodríguez, defensora distrital del Msgdv, estudios realizados por la ONU en todo el mundo han demostrado “que los niños han acogido muy bien el tema, con mucha seriedad y lo ven tan normal como cualquier matrimonio heterosexual; por eso vemos que no hay ninguna afectación psicológica”.

Para la abogada, “las ciudadanos y ciudadanos (del país) están preparados (para el matrimonio igualitario) ya que es un derecho que hemos venido luchando para estar equiparados con otros países del mundo.

Pero en una pequeña encuesta realizada en Caracas y en regiones del país, las personas entrevistadas no parecen estar de acuerdo con la afirmación de Rodríguez. Sin que tengan relación unas con otras, los participantes coincidieron en que el matrimonio ha de ser entre un hombre y una mujer, e incluso defienden sentencias de la Biblia:

Reiber Marcano. Valles del Tuy, Miranda
“Yo sé que todo ser humano necesita ser amado y expresar amor, recuerden que 'Dios es amor', como me dicen ellos (LGBTTI), pero también es fuego consumidor. Creo que no es medio correcto de decirle a la sociedad que ellos se aman”.




William Rodríguez. Caracas
Considera que si se aprueba el matrimonio igualitario, a Venezuela le caerá las mismas consecuencias que a las ciudades bíblicas Sodoma y Gomorra. Afirmó ser cristiano evangélico.




Dismary Conquista. La Pastora, Caracas
“Respeto la posición de estas personas, pero no estoy de acuerdo porque en principio la legislación establece que el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer”.




Julio González. Cumaná, Sucre
“Me parece que no es un buen ejemplo para los niños, sobre todo en etapas donde están identificando el rol de madre. Pero cada quien con sus gustos y condiciones”.







A detalle



  • En la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, máxima ley del país, no se repudia ni condena, en ninguno de sus artículos, la unión entre dos personas del mismo sexo.

  • Argentina (15 de julio, 2010), Uruguay (10 de abril, 2013), Brasil (14 de mayo, 2013), Colombia (28 de abril de 2016) y son los países sur americanos que han aprobado el matrimonio igualitario.

  • Argentina y Uruguay no necesitaron de sus tribunales o cortes de justicias para aprobar es los matrimonios sexo-diversos porque fueron legalizados, respectivamente, por Congreso Nacional y la Asamblea General de estos países.

  • “Matrimonio igualitario” fue la expresión introducida en la reforma del CC argentino para referirse a la unión civil homosexual.

  • Buenos Aires se convirtió en la primera ciudad latinoamericana en aceptar estas uniones, y luego se extendió a todo el país (2010).

  • Todos las demás naciones legalizaron las bodas gais mediante un fallo de sus tribunales.


Esta trabajo fue realizado para el Correo del Orinoco.
Leonardo Bruzual Vásquez




 

[caption id="attachment_2568" align="alignnone" width="671"]Obra-de-teatro_El-arbol-de-la-vida_Fundacion-Apoye_Pdvsa-la-estancia_Sindrome-de-Down_3 Los más pequeños disfrutaron la obra en primera fila en Pdvsa La Estancia[/caption]




Un grito lleno de alegría explota en la garganta emocionada. El aplauso fuerte y sincero que nace desde las palmas de un espectador atrapado en cada movimiento de los protagonistas. La pizca de lágrimas en los ojos que se aguaraparon al final de la función. El chillido agudo de los más pequeños, sentados en primera fila sobre el piso, con las piernas cruzadas. Cada una de estas expresiones también formaron parte de la pieza teatral El árbol de la vida.

Estas demostraciones de afectos y asombro del público fueron tan especiales como los actores y actrices de una puesta en escena “cien por ciento elenco down”, resalta su directora, la también actriz Juliana Cuervos. Fue presentada el pasado domingo 10 de abril en el Centro de Arte Pdvsa La Estancia, Chacao, Miranda, institución que conmemoraba el Día Mundial del Síndrome de Down (21 de marzo).

45 integrantes, entre niños, jóvenes y adultos —con promedio de edad de 25 años, acotó Cuervos—, demostraron con su particularidad lo que estuvieron practicando durante un año académico en la asociación civil sin fines de lucro, Apoye, fundación que comenzó hace 16 años con siete miembros y que actualmente ya cuenta con 67, informó su directora Salua Buendía.

 

[caption id="attachment_2569" align="alignnone" width="681"]Obra-de-teatro_El-arbol-de-la-vida_Fundacion-Apoye_Pdvsa-la-estancia_Sindrome-de-Down_2 45 jóvenes y adultos down protagonizaron la trama en Pdvsa La Estancia[/caption]

—¿Cuál es el mensaje que se buscan dar con la obra?
—Que nadie puede mandar en el corazón de las personas. También busca demostrar el ejemplo positivo, optimista y la orientación al logro. Creo que el mensaje sería que el trabajo de las personas habla más que muchas palabras, y que le evolución y el desarrollo de las personas está en la acción positiva —sostiene la licenciada en teatro.

 

—Por ahí vi lágrimas en los ojos. ¿Cómo te sientes, como directora, al lograr impactar en el público de esa manera?
—Lo que me gusta es que estamos desmitificando y desmontando la idea de que (las personas con este síndrome) son personas incapaces; al contrario, estamos reforzando el mensaje de la capacidad, de la autonomía (que ellos tienen); y además de un mensaje importantísimo que nos están dando constantemente: y es que con amor genuino y honesto podemos lograr las cosas.

Cuervos espera que esta pieza —que se estrenó en 2013 y está en el repertorio de la Compañía de Teatro Down— pueda ser llevada a varias partes del país. Asimismo, tienen como meta llevar este tipo de trabajos al Festival Nacional de Teatro, que a estas personas se les abra una categoría para poder concursar en eventos nacionales con sus obras maravillosamente especiales como sus “corazones puros que aceptan malicia”, comenta Carmen Millán, madre de una joven down.

En el corazón no se manda


[caption id="attachment_2567" align="aligncenter" width="674"]Obra-de-teatro_El-arbol-de-la-vida_Fundacion-Apoye_Pdvsa-la-estancia_Sindrome-de-Down La pieza teatral cuenta con un elenco 100 % talento down[/caption]

La historia se centra en una princesa que está enamorada de un príncipe que ha dejado de quererle. Cuando ella le pregunta al ‘Árbol de la Vida’ por que su enamorado no la quiere, él le responde: “Yo no puedo mandar en el corazón de los hombres”.

 

A partir de esa premisa, se desarrolla la trama donde el aventurado príncipe debe realizar varias tareas para recuperar el amor robado por la maldad en su corazón, pero tendrá que vencer una serie de obstáculos para lograr, con el apoyo de los buenos del cuento, concretar su idilio con su amada.

Payasos, brujas, un árbol, sus ramas, una diosa protectora, cisnes, lobos, robots, unas lunas gimnastas artísticas, la princesa, una malévola vieja y el villano con su característica voz gutural que no pueden faltar, hasta un marciano de traje fabuloso, forman parte del repertorio; ¡ah! y un peculiar trío de obsesionadas lavanderas vestidas con harapos sucios cuya misión es mantenerle impecable el traje al príncipe, que restriegan al son del ¡chiquichiquichí!-¡chiquichiquichá! de La mazucamba, tema del sonero del mundo Oscar D’León.

Por eso el teatro, más allá que una pantalla grande bidimensional, siempre tendrá esa particularidad de conectarse con el auditorio al que le florecen las emociones en tercera dimensión sin necesidad de unos lentes especiales, y en esta oportunidad tuvo una dimensión tan especial como su electo, los actores y actrices de la Fundación Apoye, quienes crearon El árbol de la vida de manera colectiva junto a su profesora.
Esta información fue realizada para el Correo del Orinoco.

Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez





«Se al…la hab…ción. Telf. 0416...86…»…







—¡Disculpen!, ¿pueden decirme de quién era el busto? —pregunta Noel Odra a quienes están sentados a tres pasos del pedestal decapitado por la guillotina de la sociedad: la delincuencia.
—¡Del Libertador! —responde un hombre como si se hubiese ganado la lotería, acompañado de una embriaguez y una dejadez que lo hacen ver más viejo de lo que aparenta ser. La inquietud del visitante enciende los ojos agrietados, afluentes rojos que recorren sus escleróticas y atraviesan los iris cafés hasta desembocar en los desorbitados cristalinos. La pregunta no iba para él. La mirada del preguntador estaba dirigida a una joven con un chaleco impermeable, pelo largo, regordeta.
—Pero la señora que vende tortas y que tiene 30 años trabajando por aquí me dijo que era un angelito —refutó Noel.
—¡No, no! Ese era Simón Bolíva' el que estaba ahí, pero se lo robaron —intervino la joven que terminaba de atender a un cliente en el tarantín de venta de golosinas y periódicos. Un paraguas grandote les sirve de techo. Ella acomodaba el dinero en orden de valor en el fajo que luego guardó en su bolsillo. Otra mujer con aspecto de aya, vestida de luto, rostro enjuto, le ayuda con el cuidado de una niña—. Ya vengo, cuídame ahí...
—¡Se la robaron y nadie vio nada? —repregunta Odra, quien ha pasado por ahí en otras oportunidades.
—¡Esto se jodió, señor! La delincuencia acabó con todo —se incorpora nuevamente el hombre que respondió primero y empieza a mover las ruedas de su maltratada silla. La afirmación vino después de que un corrientazo enviado por su cerebro le activó el cuerpo empachado de un ron callejero—. ¡Aquí la delincuencia es cri-mi-nal! ¡Esto se jodió!
—¿Y por qué no han colocado de nuevo el busto? ¿Qué pasó? —insiste quien comenzó con la conversación mientras hace una inspección ocular del pedestal cual detective.
—Mire, mi amigo, eso tiene tiempo así, más nunca lo acomodaron —y Luis estira la palabra tiempo hasta que se le gasta el aire de sus ebrios pulmones—. La Alcaldía lo reparó hace años —alarga la palabra años—; y para que usted vea cómo estamos, al día siguiente ya se habían robado la cabeza. ¡Esto se jodió!

Luis, un hombre de voz áspera, achicharrada por el ron y desgastada como las ruedas de su silla móvil, no trabajaba bajo la sombra de los dos mamones que resguardan el quiosquito plegable detrás del pedestal degollado que solo sirve para que la gente pegue afiches, anuncios, publicidad, propaganda partidista…

Es mensajero de un organismo del Estado, muestra su carné. Propicia el respeto en el trato con otros, a pesar de su borrachera y atorrante voz, aunque su cordialidad asusta: cada vez que comienza una frase, la primera palabra alcanza niveles agudos que decaen y vuelve a subirle el volumen —dos palabras que suenan fuerte al tímpano son separadas por otras dos o tres que suenan en tono más grave—. Está en silla de ruedas no por un disparo, sino por otra complicación que no sabe cómo explicarla; la resume como «un absceso». En el coxis tiene una pelota grande y blanda que se toca para indicar que no es un disparo, para dejar claro que no es delincuente.

[caption id="attachment_1422" align="alignnone" width="1024"]Perseo y Medusa_escultura de bronce 'Perseo victorioso con la cabeza de Medusa', una escultura de bronce fundido del artista plástico italiano Benvenuto Cellini, altura 519 cm, solicitada por el duque Cosme I. Está ubicada en la plaza la Signoria, Florencia, Italia. Se presentó al público el 27 de abril de 1554 | Cortesía: Doppiozero | Info: Universitat de València[/caption]

Por aquel pasadizo de unos 50 metros de ancho y 100 de largo también hacen vida comercial otras personas de distintas zonas de Caracas. Necesitan llevar el sustento a la casa. ¿Con qué le dio de comer mis hijos?
—¡¡«Llieve» las tortas caseras, las torta’, torta’, tortas!! —Tibisay promueve su esponjoso bizcocho picado en pedazos grandes.
—¡Dame una! —le dice un señor que no pasa de los 40 años y que parece conocerla. Usa una camisa verde como las hojas que retoñan del mamón que está sobre ellos. El pantalón lo lleva puesto como Cantinflas. Él le entrega 150 bolívares y ella su pedazote de suave torta que en otros lados cuesta el doble o hasta el triple, y son más pequeñas.
Tibisay no le devuelve el cambio. Sorprendido, le pregunta:
—¡Cuánto están costando?
—150.
—¿Las aumentaste? —insinúa el descachalandrado hombre con un acné que nunca pudo curar.
—¡Cara’!, ¡y en qué país tú vives? —ya ella había guardado el dinero en una paca de billetes coloridos que reposan en un bolsito que usa cruzado: lo llaman 'bandolero'.
—¡Ah, entonces mejor no! —se arrepintió el comprador. El arrepentimiento fue solo de voz porque su cuerpo quedó con las ganas de probar la torta casera conocida como ‘marmoleada’. Se enjugó la baba de sus ansias—. ¡Yo pensé que estaban a 120!

El descachalandrado le entrega el bizcocho envuelto en una bolsita transparente y ella le regresa un billete marrón y otro verde como el color de la camisa que lleva el despeinado hombre. Se marchó, se quejó, se indignó.

Antes, un joven le compró una porción a la simpática mujer. Llegó allí de repente, pero se fue lento, arrastrando el pie derecho doblado a la izquierda unos 95 grados. La fricción con el pavimento le comía la delgada suela de los deportivos blancos, sucios como las manchas mugrientas del piso que tiene muchísimo tiempo, quizá meses, quizá años, sin limpiarse y que ya pasó a formar parte del diseño barroco del granito. Por más que intenta, no puede despegar de la superficie la suela que está más desgastada que las ruedas de la silla de Luis.

«¡¡Moringa, moringa!!; ¡¡moringa, moringa!!». Así vende el vecino de Tibisay, del lado izquierdo, la hoja de este arbusto de países intertropicales, usada no solo para la relojería y perfumería con un método industrial, sino para hacer de forma casera la infusión que alivia achaques y otras complicaciones que están anotadas en una lista sobre el rectangular anime que sostiene los pequeños empaques. Parece marihuana, pero es más verde. El vendedor no destila olor a licor, pero parece tener encima, además de la camisa melón manga larga, una larga resaca que no se la ha quitado de hace semanas.

Al lado del moringuero, a unos 10 pasos diagonales del pedestal, otra mujer de tez oscura como la noche intenta vender zarcillos mientras calma el agudo llanto de un infante que tiene en brazos. No promueve su mercancía. Quien se interesa por las baratijas femeninas se detiene, los ve con sus ojos y con la dermis de sus dedos, pregunta el precio y siguen. En un cartelito se lee: «100 bolívares cada uno», el billete venezolano de mayor denominación, color marrón.

A la derecha de Tibisay, separadas a cinco zapatos de distancia, está una mujer maquillada como para una película de terror donde ella hace el papel de doble de riesgo. Como buhonera encarna muy bien el personaje. Tuvo una discusión con el tinte que le terminó manchando de dorado sus cabellos lacios castaños y que hacen ver su piel más amarilla. Vende coloretes tanto para la cara como para los labios. Y más allá hacia la derecha, otra señora, otro señor; exhiben al peatón las franelas de tela, delgadas como un colador de café. Y más allá otra gente ofreciendo ropa y ropita usada. Y más allá, más gente vendiendo dulces, baratijas, cositas, 'periquitos', 'bichitos', 'bicharenguitos'; como dicen ellos, «ganándose la vida»… La anciana de la avenida San Juan Bosco de Altamira encajaría bien con este elenco de buhoneros.

Están ahí porque consideran estratégica la zona. Es el paseo Ávila, al lado de plaza Caracas, en el centro de la ciudad, municipio Libertador. Al final, en la esquina del callejón, esta la estación Capitolio, del metro de la atropelladora urbe. Gente baja y sube, gente que se tropieza como las hormigas. Ellos venden allí en zozobra porque no les permiten comercializar nada en ese espacio.
—No podemos vender aquí porque dicen que es ilegal —se lamenta Tibisay—. Vender tortas es ilegal... [silencio]. Solo se oyó el vaho hediondo que destilaba la alcantarilla rota en la entrada de la estación del metro, distante a unos 20 saltos de Caperucita.

Temen que los policías le roben la mercancía. Si eso ocurriere, no se la devuelven. Pierden todo, menos la plata; y si quieren que su inversión regrese a sus manos deben pagar el monto de lo decomisado. Al menos así dicen ellos.

«¡Mira, mosca! ¡¡Los pacos vienen por allí, están de aquel lado!!”, les sopla una mujer que sabe cómo se mueve el maní por ahí, que sabe cómo se mueve la zona. La vendedora de tortas caseras, de vainilla con chocolate, tiene sus corotos montados en un carrito pequeño de hacer mercado, por si acaso se prende como pólvora la corredera; los otros no. Este es el pan suyo de cada día, el de todos los vendedores, ahí, sobre el mugriento piso, más negro que el asfalto deteriorado de las calles contiguas, más negro que la negra de las zarcillos baratuchos.

El angosto jardín a sus espaldas está más calvo que moringuero. Desde hace rato no le cae agua de la lluvia ni le cae agua de quienes se encargan de cuidarlo, ni le echan agua de la fuente artificial seca, fuente dormida, que aseguran sí funciona; pequeña estructura azul llena de basura que ya no vigilaban los ojos del busto del Libertador, sino el ciego pedestal decapitado una noche de esas donde nadie ve nada, que dejó de ser pedestal para convertirse en cartelera: «asesoría legal. Llame al…», se lee en un recorte; «se al…la habi…ción. Telf. 0416...86…», anuncia el papel rasgado que no deja ver quien fue otro de los que pegó avisos sobre el mármol forrado con rastros de periódicos que no se terminaron de revisar.

Odra no tuvo la certeza de quién era el busto del renegrido pedestal a unos 20 pasos de la fuente separada de plaza Caracas por una callejuela. Pensó: "Sobre esa base luciría bien la cabeza de Medusa, solo que la Alcaldía debería pedírsela prestada a Perseo; así habría más ojos vigilando la zona de la delincuencia, y las serpientes venenosas chiflarían con su zigzagueante lengua para alertar a los vendedores informales de los abusadores policías, policías corruptos...

[caption id="attachment_1326" align="aligncenter" width="719"]Medusa, un ser cuya mitología griega sustenta que si se le miraba al rostro podría petrificar a las personas | Diseño de Itskatjas Medusa, un ser cuya mitología griega sustenta que si se le miraba al rostro podría petrificar a las personas | Diseño de Itskatjas[/caption]



… Si los ladrones regresaran e intentaran decapitar esta vez la cabeza de Medusa, quedarían petrificados y todos sabrían quién o quiénes se llevaron el busto de 'Simón Bolíva'. ¡Qué buena obra de arte!



Capítulo III...>







Apostillado



La torta que costaba 150, una semana después ya valía 200 bolívares: «Todo subió de golpe», sentencia Tibisay. Ya ella no estaba bajo la sombra del mamón, sino al lado de la fuente donde se reúnen sordomudos, ancianos con tres o seis patas y los que no se rinden en sus sillas de rueda; porque los pacos están en la zona. Tibisay ya no tiene a su lado a la negrita oscura como la noche de ojos achinados, sino a otra morena que vende un dulce de coco embadurnado de papelón. Ambas andan de aquí para allá, de allá para acá, atentas, porque los pacos hace días llenaron un camión de puro decomisos, dicen. «En vez de irse a Petare, a la Cota 905, a sacar a esos malandros de allí, nos vienen a tracalear, nosotros que le estamos echando bolas a la vida», se queja Tibisay, se queja su gente...







<Capítulo I

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